De acuerdo con la filosofía védica , todo ser viviente transmigrando de un cuerpo a otro por el mundo material, está dotado de libre albedrío para que actué según sus deseos, ideas y pensamientos es el padre de la acción.
Por lo tanto el deseo originalmente viene del alma, el pensamiento viene de la mente (el cuerpo sutil) y las acciones del trabajo de los sentidos del cuerpo burdo.
Por nuestras acciones presentes realizadas por nuestro albedrío, creamos nuestras futuras reacciones Kármicas, simultáneamente que pagamos por nuestras acciones previas. En consecuencia, el destino no es ningún castigo desde arriba lastimando a seres inocentes.
La ley del Karma es muy estricta, ya que debe asegurar la satisfacción de los deseos de todos los seres vivos en el mundo material; de esta forma no hay ninguna contradicción, sino más bien un complemento que permite que ni una sola injusticia quede sin castigo.
Así que cada uno de ellos obtiene exactamente lo que se merece, nada más ni nada menos


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